jueves, 23 de agosto de 2012

Carta de Pérez Reverte a Rajoy



 Realmente llevo un verano fatal.
 Fatal física y emocionalmente, no estoy para tirar cohetes, pero una es una luchadora y una optimista  irredenta ("útópica "me llaman  o chalada en el peor de los casos); aunque el agotamiento  se nota, el hastío cunde. 
En estos momentos me refugio en la música y en la lectura , mis tablas de salvación.
De hecho esto que os voy a compartir es precisamente una lectura  de vuelo rasante  en Internet.
Le tengo que  reconocer al autor, que no deja de asombrarme, como en sus mejores tiempos de reportero,ahora que ha subido a la categoría de académico y escritor con letras mayúsculas, le  sigo admirando , sobre todo, cuando no se ha mordido la lengua y ha seguido siendo "persona" y  no un "divo" ; aunque a veces me las he tenido tiesas con sus opiniones en las redes sociales; pero esa es otra historia que no ha lugar en este momento.
Dicen que ha usado el Twitter para comentar como cada domingo, a toro pasado, las ocurrencias y genialidades de" los viernes de dolores" que nos hacen pasar con los consejos de ministros, recortes por aquí, hachazos por allá, motosierra por acullá..nada de bisturí , ni de obra fina de cincel, no, aquí a lo bruto y sin anestesia previa...
 Twitter  el medio usado, porque son pocas palabras,siguiendo una especie de toma y daca, un monólogo, al uso, estilo Paramount Comedy, para comentar  como el lo hace, todo un académico , sardónico , sarcástico y con la vena retrechera y chula del Foro (léase Madrid); pero¡ ahí queda eso! que diría un habitante del Lavapiés  profundo, de aquellos que ya no existen y que yo si que llegué a conocer.

 He aquí la misiva  de obligada lectura contra las medidas del Ejecutivo, con las que no parece muy feliz el autor del Capitán Alatriste,  acompañándonos a  la inmensa mayoría de los españoles que no somos políticos con cargo en plaza y menos del PP con derecho a mamandurria :



"La Cultura, la Educación, la Sanidad, las clases altas, medias y 

bajas, expoliadas. Y el disparate administrativo-político-autonómico, ni 

tocarlo. 



A ver si lo he entendido, señor presidente... Hasta por morirme debo 

pagar un 21 %... A ver si lo entiendo. Insisto. 



Alemania tiene 80 millones de fulanos y 150.000 políticos. España, 47 

millones y 445.000 políticos. Sin contar asesores, cómplices y colegas. 

O en Alemania faltan políticos, o aquí sobran. Si en Alemania faltan, 

apenas tengo nada que decir. Si en España sobran, tengo algunas 

preguntas. Señor presidente. 



¿Para qué sirven 390 senadores (con la brillantez media y la eficacia 

política media de un Iñaki Anasagasti, por ejemplo)? Subpregunta: si un 

concejal de Villacantos del Botijo, por ejemplo, necesita contratar a 15 

asesores... ¿Para qué puñetas sirve ese concejal, aparte de para dar de 

comer a numerosos compadres y parientes? 



¿Para qué sirven 1.206 parlamentarios autonómicos y 1.031 diputados 

provinciales? ¿Sabe usted lo que cobra toda esa gente? ¿Y lo que come? 

Ese tinglado regional, repartido en diecisiete chiringuitos distintos, 

duplicados, nos cuesta al año 90.000 millones de euros. Con ahorrar sólo 

la mitad... Eche usted cuentas, señor presidente. Que yo soy de Letras. 



En vista de eso, ¿cómo es posible que el Gobierno de este putiferio de 

sangüijuelas y sangüijuelos se la endiñe a las familias y no a ellos? 

Que en vez de sangrar a esa chusma, se le endiñe a la Dependencia, a la 

Sanidad, a la Educación, a la Cultura, al pequeño comercio? ¿A la gente 

que de verdad lucha y trabaja, en vez de a esa casta golfa, 

desvergonzada y manifiestamente incompetente? 



A ese negocio autonómico absurdo e insostenible, del que tanta gentuza 

lleva viviendo holgadamente desde hace más de treinta años. 17 

parlamentos, 17 defensores del pueblo, embajadas propias, empresas, 

instituciones. Negocios casi privados (o sin casi) con dinero público. 

El único consuelo es que a esa pandilla depredadora la hemos ido votando 

nosotros. No somos inocentes. Son proyección y criaturas nuestras. 



Treinta años engordándolos con nuestra imbecilidad y abulia política. 

Cuando no con complicidad ciudadana directa: Valencia, Andalucía... Con 

unos tribunales de Justicia cuando no politizados o venales, a menudo 

lentos y abúlicos. El golfo, impune. Y el ciudadano, indefenso. Esos 

políticos de todo signo (hasta sindicalistas, rediós) puestos en cajas 

de ahorros para favorecer a partidos y amiguetes. Impunes, todos. 



Me creeré a un presidente de Gobierno, sea del color que sea, cuando 

confiese públicamente que este Estado-disparate es insostenible. Cuando 

alguien diga, señor presidente, mirándonos a los ojos, "voy a luchar por 

un gran pacto de Estado con la oposición"; "me voy a cargar esta 

barbaridad, racionalizándola, reduciéndola, controlándola, adecuándola a 

lo real y necesario"; "voy a desmontarles el negocio a todos los que 

pueda. Y a los que no pueda, a limitárselo al máximo. A lo 

imprescindible"; "aquí hay dos autonomías históricas que tendrán algo 

más de cuartelillo, dentro de un orden. Y el resto, a mamarla a Parla". 



"Y el que quiera entrar en política para servir al pueblo, que se lo 

pague de su bolsillo". 



Pero dudo que haga eso, señor presidente. Es tan prisionero de su 

propia chusma político-autonómica como el PSOE lo es de la suya. Ese 

toque de jacobinismo es ya imposible. Tiene gracia. No paran de hablar 

de soberanía respecto a Europa quienes son incapaces de ejercerla en su 

propio país. Sobre sus políticos. Dicho en corto, señor presidente: no 

hay cojones. Seguirán pagándolo los mismos, cada vez más, y seguirán 

disfrutándolo los de siempre. El negocio autonómico beneficia a 

demasiada gente. 



Usted, señor presidente, como la oposición si gobernara, como 

cualquiera que lo haga en España, seguirá yendo a lo fácil. A cargar a 

una población triturada, con cinco millones de parados, lo que no se 

atreven a cargar sobre sus desvergonzados socios y compadres. Seguirá 

haciéndonos aun más pobres, menos sanos, menos educados. Hasta el ocio 

para olvidarlo y la cultura para soportarlo serán imposibles. 



Así que cuando lo pienso, a veces se me va la olla y me veo deseando 

una intervención exterior. Que le vayan a frau Merkel con derechos 

históricos, defensores del pueblo, inmersiones lingüísticas, embajadas y 

golferías autonómicas. De tanto reírse, le dará un ataque de hipo. De 

hippen, o como se diga allí. 



Lo escribía el poeta Cavafis en "Esperando a los bárbaros". Quizá los 

bárbaros traigan una solución, después de todo. Para esto, que nos 

invadan los bárbaros de una puta vez. Que todo se vaya al carajo y el 

Sentido Común reconozca a los suyos. Si quedan. 



Recristo. Qué a gusto me he quedado esta tarde, señor presidente. Lola 

acaba de abrir el bar. Esta noche me emborracho. Como Gardel en el 

tango. Fiera venganza la del tiempo. Parece un título de Lope de Vega. 

Un tango adecuado para este pasaje".

Uno se reconcilia con la guasa tipicamente española, cuando  lee a estos grandes de la literatura o del pensamiento patrio, cantar las cuarenta en bastos a la enjundia política de nuestro maltrecho país, solo que pienso que para poco vale este solazamiento pasajero, pues entre bomberos no se suelen pisar  la manguera.

Pues ya que hablamos de tango, esta vida lo es, y el que no lo baila , vaya la ironía por delante, es un "gil"...Me lo maliciaba,¡oido cocina!