miércoles, 4 de noviembre de 2009

"Una vida sin literatura no es una vida humana".Francisco Ayala



Hoy es el día del cumpleaños de mi hija Victoria, cumple dieciseis; me acuerdo de cuando yo los cumplí, ella está empezando el bachillerato, con su edad yo ya había hecho el COU y la selectividad, aquel fue el primer año de aquel examen tan "novedoso" y que nos iba a llevar a la modernidad en la enseñanza universitaria; pero que nos causó demasiado "stress" a todos, alumnos y profesores; fuimos como las cobayas en un laboratorio, un experimento...
El tiempo fluye,pasa, lima, come, pule, rae... de eso nos damos cuenta todos, bien es verdad que algunos no desean incidir en este aspecto; se empieza y se acaba la navegación, unos llegan a puerto , por fín, pero otros naufragan antes que después (Miguel, hermano y camarada, dixit).
De los que han llegado a puerto , sin más naufragios, solo los incidentes propios del arte de marear y de los Océanos de la vida que nos traen sorpresas diversas; destaca en mi sentimiento don Francisco Ayala, si él pudiera hablarnos ahora , poniendo su acento andaluz que sabía dosificar sabiamente, diría
"Nosotros los jóvenes somos así".
Se nos están yendo personajes notables de las Artes y las Letras, de las Ciencias, personajes únicos como todo ser humano lo es de forma individual; pero ellos han dejado un poso, una raiz de las que bebemos nos nutrimos los que les seguimos en el tiempo y en el espacio.Muchos dirán que es ley de vida, claro que si, nacemos, "navegamos", trascendemos...ese es el ciclo vital.
Lo hermoso que tienen los pensadores, intelectuales,cientificos, creadores , artistas y literatos es que comparten con nosotros lo que son y lo que saben.Don Francisco ha sido un ejemplo para mi, permitaseme decirlo, una larga trayectoria muy juvenil de 103 años coronada por esa lucidez,ese saber comunicar cuando hablaba o enseñaba; los grande humildes siempre tienen algo que enseñar, enseñan hasta con sus actitudes:
"Yo no me pongo límites, hay muchos que ponen límites; 102 años. ¡No está mal para empezar!",
Su límite, no puesto por él ha sido 103.
Una de sus frases que mas me ha hecho meditar y mucho sobre la comunicación, el escribir, la palabra es:
"La literatura es lo esencial. Todo lo que no sea literatura no existe. Porque, ¿dónde está la realidad?".
¡Vaya con don Francisco! estaba predestinado desde su nacimiento a LA LITERATURA:
Nació en Granada, su Granada (muy lorquiano),el 16 de marzo de 1906. Como ha declarado repetidamente, su tierra le dejó recuerdos indelebles que se encuentran a lo largo de toda su obra. Su abuelo, Eduardo García Duarte, fue rector de la Universidad de Granada.Asistió al parvulario del Colegio de Niñas Nobles de Granada, hoy sede de la Biblioteca de Andalucía, con posterioridad , al colegio Calderón y al de los Padres Escolapios.
En sus palabras :
"Ciertos improperios clásicos que en el honesto ambiente burgués de mi familia resultaban malsonantes (aunque hoy día, con el paso del tiempo, suenan sin escándalo en las bocas más inocentes), eran dirigidos por mí en las peleas pueriles a otros chicos de mi edad, o incluso a mis propios hermanos. '¿De dónde has sacado tú esas palabrotas?', me preguntaba con asombro mi madre. Y se quedaba desconcertada al saber que provenían nada menos que de las páginas de la obra magna de la literatura universal..."
En 1918 continuó sus estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza de la ciudad, que simultaneaba con la Escuela de Artes y Oficios. En el seno de su familia pudo vivir las tensiones provocadas por la Primera Guerra Mundial, que dividieron a muchos españoles en dos bandos: aliadófilos y germanófilos.
En 1922 traslado de su familia a Madrid. Allí terminó el Bachillerato en el Instituto San Isidro. Después cursó Filosofía y Letras y Derecho en la Universidad de Madrid. Su primera publicación, un artículo sobre el pintor Romero de Torres, tuvo lugar en 1923. Inició muy joven una brillante carrera literaria. Publicó su primera novela, Tragicomedia de un hombre sin espíritu, en 1925 y la segunda, Historia de un amanecer, al año siguiente, en el que también empezó a colaborar con La Gaceta Literaria. Acudió asiduamente a las tertulias del grupo vinculado a Ortega y Gasset. Colaboró desde su fundación en la Revista de Occidente. El mismo Ortega le pidió que fuera editorialista del diario El Sol...
Don Francisco, cuando yo estaba estudiando y áun siendo una niña tendía las antenas a todo lo que me rodeaba a veces sin comprender, mucho antes de que muriera Franco, se hablaba de él en los circulos de estudiantes especialmente los no afines a un régimen que agonizaba por no renovarse; pero incluso los afines respetaban a Ayala, hubo reconocimiento de su figura en varios periódicos españoles que publicaron una "Salutación a F. Ayala" (1969), suscrita por Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Buero Vallejo, José Luis Cano, Camilo José Cela, Miguel Delibes, Paulino Garagorri, Carmen Laforet, Pedro Laín Entralgo, Rafael Lapesa, F. Yndurain y Alonso Zamora Vicente. En 1972 se le concedió el Premio de la Crítica por El jardín de las delicias. Ese mismo año, la revista Ínsula de dedicó un número de homenaje.
Conoció el exilio , amargo , aunque el supo adaptarse bien a las circunstancias y alli donde fue lo quisieron, porque su humanidad, aunque escueta y austera en su figura externa , era enorme y albergadora. En 1939, con la derrota definitiva de la legalidad republicana que él defendió, tuvo que marchar como tanto y tantos otros. Tras un rápido paso por Francia, siguió viaje a América, su segunda tierra, su "casa de acogida".
En Argentina vivió hasta 1950, donde colaboró en medios como el diario La Nación. Allí, además de entrar en contacto con grandes figuras (Borges, Cortázar, Bioy Casares…) se dedicó a la docencia (fue profesor de sociología en la Universidad del Litoral), la traducción (ha sido considerado como una referencia en este campo por sus traducciones del francés, el inglés, el alemán, el italiano, el portugués), la edición (cofundó la revista Realidad en 1947) y la creación literaria (su primer escrito tras la guerra fue el “Diálogo de los muertos”, 1939).
En 1960, ahí si que no guardo memoria de nada porque tenía solo dos años, fue cuando Ayala regresó a España por primera vez desde la guerra. Su primer acto público tras el exilio fue su participación en 1968 en los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo en Santander.
En 1972 se le concedió el Premio de la Crítica por "El jardín de las delicias", libro que me leí a escondidas, me fascinaba la sugerencia y la coincidencia con el cuadro de Hyeronimus Bosch, "El Bosco" que por entonces me fascinaba con sus pintutras tan simbólicas y tan disparatadas. El jardín de las delicias es un libro de recuerdos y vivencias en el que Francisco Ayala, como en el cuadro homónimo del Bosco, aborda la dicotomía entre el amor y el dolor, la ternura y la crueldad, la vida y la muerte. Son piezas diversas, escritas a lo largo de los años, a partir de 1941, como si fueran noticias que reposan en las páginas de un periódico que amarillea en una hemeroteca. En realidad, son un espejo del mundo en que vivimos. Están combinadas, según el propio Ayala, "como los trozos de un espejo roto" sobre los que, al asomarse, "pese a su diversidad, me echan en cara una imagen única, donde no puedo dejar de reconocerme: es la mía".
Las piezas van acompañadas de las pinturas, esculturas y monumentos referidos en las mismas, anotadas de puño y letra por el autor. No son simples ornamentos editoriales sino, como dice Ayala en su Narrativa completa que públicó Alianza Editorial en 1993, "parte integral de su composición como objeto artístico". Una prosa a la vez elegante y directa y unas ilustraciones sin las cuales el texto "quedaría desvirtuado" uniforman, juntas, la que es obra capital de uno de los grandes escritores españoles de nuestro tiempo.Maravilloso libro que recomiendo y que para mi desgracia, no puedo releer pues está (esa es mi esperanza que ESTÉ, que no sea diluido en un formateo) en los discos duros que me han sustraido a la vuelta de mi estancia en Oropesa del Mar.
Sus visitas a la península se repitieron hasta convertirse en regreso en 1976, una vez terminada la dictadura franquista. Ya en España, con setenta años cumplidos, continuó su obra creativa: El jardín de las malicias (1988), Relatos granadinos (1990), el magistral libro de memorias Recuerdos y olvidos (1982-1988)…
En 1984 ingresó en la Real Academia Española. De este hecho conservo memoria y divertida, yo ya estaba impartiendo clases a alumnos de Cou, la vida es como un círculo; cuando le toco en suerte el sillón" Z" de la ilustre Entidad, dijo con malicia y rasgueo granadino:
"La 'seta', quién me lo iba a 'desí'."
En ese año se le concedió el Premio Nacional de Narrativa por su" Recuerdos y olvidos". Fue propuesto como candidato al Premio Nobel de Literatura en 1996 y 1997. En 1998 nació la Fundación Francisco Ayala como homenaje al escritor, establecida en 2006 en el Palacete Alcázar Genil de Granada., dejo a los inteligentes y curiosos lectores el enlace a dicha Fundación, por si quieren gavetear en sus estantes virtuales:
http://www.ffayala.es/
La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, ha desvelado hoy en el día de su incineración, que a Francisco Ayala le hubiera gustado mucho que alguna de sus obras se hubiera convertido en una película. Gonzalez Sinde, compartió con el director de la Fundación Francisco Ayala, Rafael Juárez, una conversación en la que supo que "nada le hubiera gustado más a Francisco Ayala que ver alguna de sus novelas adaptadas al cine".
En unas declaraciones, realizadas en el Ministerio de Cultura, González-Sinde mostró su sorpresa por ese comentario de Juárez, ya que en su opinión "eso le hubiera gustado a cualquier cineasta"."A veces piensas que los autores van a resistirse un poco a que entres en su obra, pero parece que a él le hubiera gustado mucho participar en un proyecto" cinematográfico, porque -recordaba la ministra- "Ayala escribió ya en los años veinte su primer libro sobre cine".
Estos escritos "le dieron categoría al cine en un momento en que la sociedad española no entendía el cine como algo de vanguardia, como un valor intelectual, sino como un entretenimiento, y él lo fue dotando de un peso por el que el mundo del cine le está muy agradecido", ha señalado.
Para la ministra, la presencia del Rey Don Juan Carlos y del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, "despidiendo y rindiendo ese último tributo a Francisco Ayala, realmente señalano sólo la importancia de su obra, sino también de su vida". Ayala, ha recordado González-Sinde, tenía una "estrecha relación"
tanto con el Rey como con el presidente del Gobierno, y "los dos han ido en cierta manera a despedirse de un amigo, de una persona con laque habían conversado y disfrutado mucho".
Preguntada por la ausencia del nombre de Francisco Ayala como aspirante a un premio Nobel de Literatura, González-Sinde ha manifestado que, en su opinión, "la obra un escritor como Ayala permanece, más cuando es tan vasta, tan compleja y tan amplia como la suya".En cualquier caso, ha destacado que la misión de un Ministerio de Cultura es "insistir en fomentar la difusión de nuestras obras y autores más importantes, y que haya suficientes traducciones a otras lenguas, es fundamental".
Ha destacado asimismo que, por "esa visión tan cosmopolita" que él tenía por haber vivido fuera de España y por "su mentalidad tan abierta", Ayala también hubiera merecido estar entre los "Nobel".
No obstante, González-Sinde se ha mostrado convencida de que la obra de Ayala, que está siendo difundida, "lo será más todavía" después de su muerte. La ministra hacía estas declaraciones tras recibir de la Guardia Civil 65 documentos históricos robados en bibliotecas españolas,
Con la muerte, a los 100 años , del antropólogo francés Claude Levi Strauss parecía cerrarse un ciclo más del siglo XX. Pero no ; se ha cerrado paece ser con la muerte de don Francisco.
Parecía inagotable. "Testigo de un siglo" es lo que dicen las entristecidas notas de todo el país. Ayala, se ganó todos los premios literarios importantes del idioma. Entre sus títulos más destacados , se encuentran, La cabeza del cordero, (1949), Los usurpadores (1949), Historia de macacos (1954), Muertes de perro (1958), El jardín de las delicias (1971), De raptos, violaciones, macacos y demás inconveniencias (1982), De mis pasos en la tierra (1996), Cazador en el alba (2002).
Así lo recuerda el ABC:

Un siglo de vida da para mucho, desde luego la de ser testigo de los avatares de toda una época, pero también la de ser partícipe de cambios abismales en la concepción estética del mundo. Bien puede decirse que, en este sentido, Francisco Ayala ha sido un privilegiado pues en cierto modo perteneció a la generación que, tras el ejemplo de Ramón, orteguianos ellos, cumplieron con mayor o peor fortuna el destino de las vanguardias para, luego, después de la segunda guerra mundial volver a una literatura de honda crisis moral para, más tarde, retomar aquellas ideas originales pero depuradas ya de sus gestos agresivos, de batalla, casi totalitarios, en suma. Sus libros cumplen con la ley de esta larga sombra que el siglo proyecta y alumbra luego. Comenzó con dos novelas de corte tradicional, «Tragicomedia de un hombre sin espíritu» e «Historia de un amanecer» para, enseguida, sumergirse en la vorágine vanguardista con «El boxeador y un ángel» y «Cazador en el alba», que cumplían con el canon orteguiano de la deshumanización del arte cuya lumbrera en el momento fue Benjamín Jarnés. En estos libros, sin embargo, frente al dinamismo obligado existe un lado sombrío que dio sus mejores frutos, de hecho nos hallamos ya ante el Ayala maduro, con sus libros posteriores, «Los usurpadores», «La cabeza del cordero, Muertes de perro», «Historia de macacos», «El fondo del vaso», es decir, sus obras más acabadas, aquellas que pertenecen también a su labor de traductor, aquella en la que vertió a un elegante español el alto estilo de la prosa de Thomas Mann y su «Carlota en Weimar», en una defensa apasionada del ideal liberal en los años sombríos de la guerra mundial y los años de la guerra fría, aquella época en que conoció muy bien a Jorge Luís Borges y que, creo, coinciden en lo que fue su cumbre como narrador. Luego, de esa inmersión en la corrupción moral del hombre, la obsesión temática en la que mejor desarrolló su personalidad, perfiló una intensa línea lírica en «El jardín de las delicias», libro donde, como en una pieza de relojería, se ensamblan la visión satírica y la lírica con esa tendencia objetiva que enlaza con sus años orteguianos. Ayala, testigo de un siglo crucial, sí, pero hacedor de muchos de sus logros. Se dice que siguió la mirada del siglo. Creo que en parte la hizo.

Por su parte , El País, en un monográfico de urgencia: , una semblanza "La pasión y la inteligencia" Rodríguez Marco dice:

Un ramo de flores enviado por el cantante Joaquín Sabina con la leyenda "Gracias por tu ejemplo" resume el sentimiento de la mayoría de los que están acudiendo al tanatorio de san Isidro de Madrid para despedirse del escritor Francisco Ayala, fallecido esta mañana a los 103 años. Junto al ramo, entre muchas otras, se podía ver una corona enviada por Cristina Fernández Kirchner, presidenta de Argentina, país en el que Ayala se exilió en 1939. (...) El académico Juan Antonio Pascual, cuya candidatura fue presentada por el propio Ayala, ha recordado emocionado la figura de su colega fallecido: "Era inteligente refinado e incisivo. Hablaba mejor de lo que yo soy capaz de escribir. Ahora parece un cumplido pero es verdad. Ayala era garantía de inteligencia. Cuando regresó del exilio lo hizo sin encono. Dejó España con 33 años en la mejor situación de su carrera en el derecho y cuando tuvo que reciclarse como profesor de literatura se convirtió en uno de primera". Pascual ha mencionado que Ayala mantuvo su energía hasta el final: "Cuando no pudo leer ya en público, improvisaba sus intervenciones sin un solo anacoluto. Tenia algo tan difícil de conseguir como la autoridad, es decir, una mezcla de pasión e inteligencia." Su viuda, Carolyn Richmond, ha recordado, junto al poeta Luis García Montero, los últimos días del escritor: "Aunque perdió la voz se notaba que su mente seguía activa". Y añadió García Montero se fue apagando.
Descansa en paz, sus cenizas son polvo que vuelve al polvo, pero su obra está fresca y vital ,como él mismo fue, entre nosotros.